Formación en TIC

Uno de los temas recurrentes entre los profesores y profesoras a la hora de enfrentarse a las TIC es la demanda de formación. ¿Qué formación hace falta para integrar las TIC, cuánta y cuándo?

Por una parte, la oferta más habitual tiende a estar basada en las herramientas, en la forma de cursos para aprender a manejar ciertos programas o aparatos.

Con frecuencia se trata de una instrucción descontextualizada, poco significativa para un profesorado al que se le pone un martillo en la mano y acaba reaccionado de alguna de estas maneras:

  • Interpretando todos los problemas como clavos y actuando en consecuencia.
  • No encuentra clavos y acaba tirando el martillo.
  • Intentando imaginar otros usos para el martillo, pero éste tampoco es que de mucho más de sí.

Ahora, sustituye la palabra martillo por el nombre de alguna aplicación, servicio o máquina y saca tus propias conclusiones. Más o menos viene a pasar esto:

  • Al centrarse en herramientas específicas se da la impresión de que no hay otra cosa, o que vale para cualquier situación. Es el tipo de enfoque que se suele percibir cuando una empresa promociona un producto con “eventos de formación”.
  • Muchos profesores no consiguen ver cómo esa herramienta les puede ayudar a hacer algo que les interese, así que acaban pasando del tema. Esta sensación se queda, muchas veces, cuando se asiste a formación en la que el ponente presenta muchas “prestaciones” de la herramienta, pero sin mostrarlas en un contexto educativo.
  • Otros profesores intentan sacarle partido a la herramienta presentada, para descubrir que quizá no es tan formidable como aparentaba, o por lo menos que no tienen las pistas necesarias para sacarle el rendimiento esperado.
  • También puede ocurrir que recurramos a esa herramienta o conjunto reducido de ellas porque no hemos tenido oportunidad de conocer otras.

El problema no es de las herramientas TIC, se origina en un planteamiento de la formación que olvida la necesidad básica de la formación del profesorado: dotarlo de medios para crear mejores situaciones educativas en las que los alumnos puedan aprender. Por eso sería preferible que la formación fuese impartida por profesores/as que trabajan con esas herramientas, y no por comerciales.

Esto implica que la formación tiene que incluir diversos niveles de aproximación a las herramientas TIC y a la didáctica con TIC. No se trata tanto de instruir a los maestros en el uso de los programas o las máquinas, como de tratar de conseguir que los profesores y profesoras:

  • Desarrollen un concepto realista y flexible de la aportación de las TIC al proceso educativo.
  • Se hagan una idea del tipo de herramientas disponibles y sus posibilidades en relación a la didáctica de sus áreas de conocimiento, que les permite decidir cuáles son adecuadas para su situación particular.
  • Adquieran un dominio suficiente de las herramientas que han considerado usar, en relación a los objetivos educativos que  persiguen.

Una formación TIC adecuada

El problema de la formación TIC basada principalmente en enseñar a manejar herramientas es que suele perder de vista el objetivo de cualquier herramienta o estrategia didáctica (TIC o no TIC): contribuir a mejorar los procesos de aprendizaje.

Desde nuestro punto de vista, la formación no es una cuestión de cantidad,  sino de relevancia y oportunidad. Esta relevancia no se refiere sólo a que cubra unos contenidos adecuados, sino a que éstos se presenten en el momento oportuno. Por ejemplo, la instrucción en el manejo de una herramienta no ayuda mucho si no sabemos para qué la vamos a usar.

En el primer artículo de la serie planteábamos algo así como cuatro fases de aproximación a las TIC, los cuales retomamos para vincularlas con propuestas de formación adecuadas.

Explorar

Explorar significa abrir nuestra mente a ideas que están siendo realizadas por otros en el ámbito de la integración de TIC, con herramientas o estrategias que tal vez no conocíamos o que no nos habíamos planteado. Consiste en impregnar y dejar macerar nuestra imaginación.

Explorar implica conocer lo que hay, o sea, que nos suenen las muchas herramientas que existen, los planteamientos, las formas en que otros la usan.

El primer paso para que uno pueda adoptar una herramienta es, como mínimo, haber oído hablar de ella, tener una idea aproximada de la utilidad que tiene, saber hasta dónde han llegado otros, o cómo la han modificado.

Una formación que responda a esta fase nos debería poner en contacto con experiencias y sugerencias, sin entrar en los detalles técnicos, de modo que seamos capaces de hacernos una idea de las posibilidades que se nos ofrecen y las perspectivas educativas desde las que se plantean.

Algunos formas de concretar formación adecuada a esta fase son:

  • Sesiones monográficas en las que se muestran ejemplos reales de uso de las TIC en el aula
  • Sesiones de actualización en nuevas tecnologías, en las que se  presentan ejemplos de experiencias, herramientas, etc.
  • Sesiones monográficas sobre herramientas, proponiendo usos posibles y ejemplos educativos realizados
  • Paneles de experiencias en congresos, jornadas, encuentros de profesores, etc.

Imaginar

Cuando hablamos de imaginar, se trata justamente de buscar el “encaje” entre las ideas generadas en la fase anterior y nuestros planteamientos educativos.

Es decir, poniéndome en mi situación particular como profesor/a de una asignatura, con un grupo de alumnos determinado, cuáles de esas ideas pueden contribuir a mejorar los procesos de aprendizaje y cómo tendría que adaptarlas para lograr integrarlas.

¿Sería necesaria una didáctica de las TIC? Puede que sí, pero quizá sea más relevante una didáctica TIC para las áreas de conocimiento. El matiz tiene su importancia ya que la forma de enseñar no puede estar desvinculada del contenido que se enseña. Por esta razón, didáctica de las TIC es un concepto quizá demasiado aislado de las situaciones particulares de enseñanza, como lo seria una “didáctica de la pizarra”.

Es cierto que podemos usar las mismas herramientas TIC (al menos buena parte de ellas) en distintas etapas o asignaturas, pero no las vamos a utilizar igual porque tanto los contenidos, como las capacidades de los alumnos y los enfoques didácticos son diferentes y eso determina situaciones de aprendizaje diferentes. Hay herramientas más generales que otras, eso es evidente, pero el modo en que pueden ayudar es bastante dependiente del tipo de contenidos y alumnado con los que vamos a trabajar.

Por ejemplo: imaginar cómo puede ayudar el vídeo digital en la etapa de educación infantil dará lugar a un planteamiento diferente del que tendríamos en la secundaria. Se puede argumentar que esto es una obviedad, pero basta observar ciertas presentaciones de algunas herramientas TIC para darse cuenta de que quizá no lo sea tanto, a la vista de la cara de póker de la mayoría de profesores asistentes cuando el comercial de turno explica las “aplicaciones educativas” sin contextualizarlas.

Aquí habría dos niveles de formación:

  • La didáctica TIC “de área” en la formación inicial del profesorado.
  • Los cursos y jornadas de actualización didáctica TIC, monográficos del tipo “herramientas TIC en el aula de (inclúyase aquí el área de conocimiento que proceda)”.

Preparar

La “fase” de preparación nos lleva al aterrizaje en la problemática de poner en marcha un proyecto o una actividad TIC: ¿cómo organizo a los alumnos? ¿qué recursos técnicos necesito? ¿cómo estructuro el aula? ¿cómo distribuyo las actividades en el tiempo? Y podríamos seguir.

Por un lado, tenemos la adaptación de nuestro proyecto TIC a los medios de que disponemos. Por otro, esos detalles organizativos que no suelen venir en los libros.

Respecto a los medios, se trata de un razonamiento “interactivo” en el que tendremos que ver hasta dónde nos dejan llegar las instalaciones y dotaciones de nuestro entorno de trabajo y hasta dónde podemos adaptar ciertas propuestas a esas posibilidades. Sin embargo, la dotación de medios no determina el éxito del proyecto. Es una cuestión de que ese proyecto educativo concreto tenga una buena integración en el curriculum y que utilice la tecnología disponible con sentido educativo.

En cuanto a las organización del aula y del trabajo la mejor fuente es la experiencia propia y de otros profesores y, por qué no, una metodología abierta a la exploración. A veces, simplemente no se puede saber cómo van a funcionar las cosas y hay que asumir el riesgo que eso conlleva.

Más que formación en el sentido habitual, a estas altura necesitamos compartir experiencias, hablar con otros colegas que hayan puesto en marcha proyectos similares y que ya se hayan encontrado con los mismos problemas. En este sentido funcionan muy bien las “comunidades virtuales” en forma de foros, listas de correo, redes sociales, y los encuentros y reuniones presenciales que ofrezcan un buen espacio para intercambiar ideas.

Acompañamiento

Una vez en funcionamiento las actividades podrías pensar que ya se ha acabado el tiempo de la formación. Pero precisamente este es un buen momento para aprender sobre la propia práctica. Observa y toma nota de lo que ocurre: las reacciones de los alumnos, las dificultades que surgen y cómo las resuelven ellos y cómo las resuelves tú, los elementos positivos, los descubrimientos y todo lo que te parezca relevante.

De este modo, irás construyendo un saber basado en tu propia acción y experiencia que podrás compartir con otros.

Ten en cuanta que una de las grandes ventajas de las herramientas TIC es la posibilidad de cambiarlas con facilidad por otras alternativas. Saber lo que ha funcionado y lo que no te permitirá tomar mejores decisiones la próxima vez. Tal vez organizar los grupos de otra manera, o utilizar otro programa en vez del elegido en principio, o dedicar más tiempo a un aspecto que a otro.

Para terminar

La formación en TIC no debe seguir un modelo único, hay distintos planteamientos de formación para distintas necesidades y momentos, pero todos ellos tienen que vertebrarse como parte de un proceso de formación del profesorado.

Dicho de otra forma: no se trata de un proceso de capacitación tecnológica, sino de un proceso de capacitación pedagógica: cómo enseñar mejor utilizando TIC.

¿Crees que han cambiado mucho las cosas en los últimos años? Deja tu opinión en los comentarios.

Nota: Este artículo fue publicado originalmente por Fran Iglesias en Marzo de 2007, en la página web del Proyecto Grimm y lo hemos republicado con permiso del autor.

 

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