Muchas veces se discute sobre la competencia entre la lectura en papel y el uso de los medios digitales, frecuentemente para lamentarse del tiempo que dedican los niños a las pantallas en detrimento de los libros.

Quizá el debate no está bien planteado. Al fin y al cabo, ¿de qué hablamos cuando hablamos de lectura?

En el contexto escolar, la palabra lectura tiene varios significados que giran habitualmente en torno a la adquisición de la capacidad de leer, es decir, de descodificar textos escritos para obtener información (comprensión escrita) o de transformarlos en orales (lectura en voz alta).

Cuando hablamos, sin embargo, de animación a la lectura estamos refiriéndonos a estimular en los alumnos el deseo de leer como forma de disfrute personal. Y lo cierto es que esto tiene poco que ver con la lectura escolar a la que acabamos de referirnos.

Este deseo se puede estimular, pero no forzar ni obligar. Puedes obligar a leer, pero nunca conseguirás obligar a un niño a desear leer (especialmente si lo obligas a leer). La animación a la lectura busca tentar al niño con la lectura y encender la chispa del deseo.

El placer de la lectura tiene que ver con el placer de que nos cuenten buenas historias, ya sea de forma oral, ya sea por escrito sobre papel ya sea en soporte digital.

Derechos del lector

Para empezar, creo que toda iniciativa de animación a la lectura debe someterse al test de los Derechos del lector.

  1. El derecho a no leer.
  2. El derecho a saltarse páginas.
  3. El derecho a no terminar un libro.
  4. El derecho a releer.
  5. El derecho a leer cualquier cosa.
  6. El derecho al bovarismo (enfermedad de transmisión textual: ser lector ingenuo)
  7. El derecho a leer en cualquier parte.
  8. El derecho a picotear.
  9. El derecho a leer en voz alta.
  10. El derecho a callarnos.

En resumen, estos derechos definen la lectura como una actividad que se ha de ejercer en total libertad, sin enjuiciar ni al lector ni lo que lee ni, por extensión, el soporte sobre el que lee. Y tampoco enjuiciar lo que obtiene de la lectura, sea mucho o poco.

¿iPad para leer?

Pues ni sí, ni no, ni todo lo contrario. La lectura en un soporte electrónico tiene ventajas e inconvenientes. Normalmente se recomienda más un lector de tinta digital (como el Kindle) por fatigar menos la vista, que la lectura en las pantallas más brillantes del iPad.

A cambio, el iPad permite lecturas con más tipos de medios y acceso más sencillo a muchas obras o a espacios de lectura en la web como blogs de relatos u otras páginas, así como libros interactivos, vídeos, etc.

Es una cuestión de conveniencia, disponibilidad, y otros muchos factores.

En la lectura electrónica muchas veces es posible controlar aspectos como el tamaño del texto o el contraste lo que puede facilitar la lectura a algunos estudiantes con problemas de visión.

También es posible conseguir gratuitamente muchas obras que han pasado a dominio público, por no hablar de relatos que se pueden encontrar en la web y que posiblemente nunca aparecerán publicados en papel.

Así que simplemente, la recomendación es: haz lo que pueda resultar más conveniente en cada caso. Los libros de papel y el iPad conviven perfectamente y enfrentarlos es inútil.

Por lo demás, el iPad es una excelente herramienta para ayudarnos con las propuestas que vienen a continuación:

Lo que hacemos mal y cómo cambiarlo

Leer todos lo mismo 😦

Prescribir un mismo libro para todos los alumnos se salta varios derechos lectores de una sola tacada: se niega el derecho a no leer (al menos a no leer ese libro), a no terminarlo, a leer cualquier cosa o a saltarse páginas.

Además de eso se ignora el hecho de que cada lector tiene preferencias por géneros o temáticas distintas y también capacidades diferentes, que condicionan cuán largo, complejo o profundo pueda ser el libro adecuado. Sin ir más lejos, hay estudiantes con dificultades lectoras a los que cualquier libro se les va a atragantar porque les cuesta leerlo. Para otros, en cambio, el libro sugerido será demasiado sencillo como para resultarles interesante.

La solución es bien fácil:

Deja de prescribir y empieza a recomendar 🙂

Prescribir lecturas obligatorias es asegurarse el fracaso. Es mucha mejor estrategia recomendar un abanico de libros variados en temática y accesibilidad. Puedes seguir estas simples pautas:

  • Recomienda un abanico de libros: es una ayuda para los que no tienen hábito de lectura o que todavía no se atreven a elegir.
  • Permite que los alumnos puedan escoger sus propias lecturas fuera de esta lista.
  • Permite que puedan replantear su elección: puede que empiecen con un libro y no sean capaces de terminarlo.
  • No es problema que varios alumnos podrían elegir el mismo título.

Si dispones de página web, blog de aula, etc. crea una página con la lista de libros. Abre los comentarios para que los estudiantes puedan hacer sus aportaciones y que otros visitantes las puedan hacer.

Plus: enriquece tu lista de recomendados a partir de las recomendaciones que hagan los alumnos. Mejor aún: empieza preguntándoles por libros que conocen o que les gustaría leer para crear esa lista.

Eso nos lleva a las Fichas de Lectura (música ominosa).

Fichas de lectura 😦

Las fichas de lectura suelen ser también una manera de contribuir al desánimo lector. Suelen violar el derecho a callarnos, así como casi todos los demás derechos del lector. Por otro lado, ¿para qué nos sirve una ficha de lectura que sólo tú como docente vas a conocer y que normalmente se compone de información del libro, resumen y quizá algunas preguntas de recuerdo de información del libro?

Las fichas de lectura son una especie de castigo a la lectura. Tal vez el alumno haya disfrutado con el libro, pero luego le espera la apasionante aventura de copiar los datos de la portada, resumir el texto y contestar con un montón de información.

Además, la ficha de lectura evalúa al alumno, no al libro.

Sin embargo, es importante contar con el feedback que nos proporcionan los alumnos sobre lo que han leído, pero ¿cómo hacerlo respetando sus derechos lectores?

Recomendación entre pares 🙂

Se trata simplemente de cambiar el punto de vista: en lugar de pedirle una ficha de lectura para justificar que el alumno ha leído, proponerle hacer una recomendación del libro que pueda animar a otros a leerlo.

Es decir, en lugar de ser una tarea en la que el profesor evalúa al lector, se invita al lector a  hacer pública su opinión sobre el libro.

Y para que la idea no sea un peñazo podemos hacerlo en multimedia: crear un pequeño vídeo recomendando nuestro libro: ¿te suena librozapping?

Resumiendo: el video podría crearse con Shadow Puppet Edu. Se trataría de conseguir o preparar unas pocas imágenes relacionadas con el libro (la portada, alguna ilustración del interior, un dibujo hecho por el lector, etc.) y grabar un pequeño programa de radio presentando el libro y recomendándolo.

La estructura sería muy simple:

  • Saludo y presentación
  • Presentación del libro (título, autor y editorial)
  • Breve resumen del argumento
  • Razones por las que la lectura ha sido interesante y es recomendable

La duración ideal es de entre 2 y 3 minutos.

Como todos los alumnos podrían contribuir estaríamos desarrollando un proyecto colaborativo que podemos compartir en la web del colegio o en un canal de youtube. Proyecto en el que, además, sería muy fácil enrolar a otras clases y a otros colegios de todo el mundo.

Resumir el libro 😦

Seamos serios: ¿realmente podemos pedir a un alumno de Primaria que nos resuma un libro? La respuesta es que no, entre otras cosas, porque nosotros tampoco lo haríamos.

Poco más hay que decir: un resumen tiene sentido a la hora de simplificar un texto expositivo, pero no una narración.

Lo que nos interesa es:

Describir el argumento 🙂

La habilidad que nos interesa que nuestros estudiantes desarrollen es la de ser capaces de describir el argumento básico de un libro que podría resumirse, valga la expresión, en identificar el protagonista de la historia, su situación y el conflicto o problema que afronta en ella.

Y hasta aquí puedo leer, porque la gracia del argumento es generar intriga e interés en otros por conocer el final de la historia.

Describir el argumento, es algo necesario para nuestro proyecto de recomendaciones multimedia, pero también nos permite generar algunas actividades interesantes, como por ejemplo: crear tiras cómicas que describan el argumento de los libros que los estudiantes leen.

La idea es simple: crear una tira cómica o tebeo con tres o cuatro viñetas que reflejen los elementos más importantes del argumento del libro, por supuesto sin contar el final.

Los dibujos no tienen que ser especialmente elaborados. Incluso puede ser más divertido si son simples monigotes realizados con cuatro trazos, al estilo de xkcd.

to_taste

Puedes utilizar varias aplicaciones, como Sketches para dibujar y  Comic Life o Halftone para crear el cómic.

Preguntas de compresión lectora 😦

Por si lo anterior no ha conseguido acabar con el interés por leer de tus alumnos, no tienes más que hacerles preguntas de comprensión lectora. Normalmente van asociadas a la prescripción de un libro común.

El caso es que comprensión lectora es un concepto muy variable porque depende en buena medida del tipo de texto del que estemos hablando. Hay textos expositivos que están diseñados para que el lector pueda adquirir una información y, preferiblemente, recordarla. Pero los textos narrativos no persiguen eso: apelan a nuestra imaginación para que vivamos una experiencia acompañando a los personajes a través de unos escenarios y unas aventuras.

En ese caso, recordar el nombre del personaje secundario a quién el protagonista le pregunta la hora en el capítulo siete no sirve de nada. Saberlo o no saberlo no implica nada sobre la comprensión del texto y mucho menos sobre la capacidad general para comprender textos que tiene el lector.

La vivencia de la historia, que es lo que nos proponen los textos narrativos, puede evidenciarse por otros caminos.

Extender la historia en lugar de entenderla 🙂

En lugar de ver si “entienden”la historia, propón a tus alumnos “extenderlas”. Es algo que ya hemos hecho con las propuestas anteriores, pero aquí podríamos sugerir diversas formas de interpretar, extender o contribuir a una historia que nos ha gustado. Y hablo de diversas, porque cada lector que desee hacerlo debe hacerlo de la manera “que le pida el cuerpo” (si es que si lo pide).

He aquí algunas ideas:

  • Crear una portada para el libro: ¿quién dice que la que ha puesto la editorial es la mejor? Puedes usar Sketches o cualquier app de dibujo para hacerlo en iPad.
  • Preparar un póster con el protagonista o con algún elemento que nos haya gustado especialmente. La misma Sketches, también Pages o, si no, mira por aquí.
  • Hacer una chapa o una camiseta “yo leí este libro y me encanta”.
  • Hacer una selección de música que le vaya bien al libro, cosa que puedes preparar con iTunes, Youtube, Spotify o lo que te venga bien.
  • Inventar un final alternativo o bien una historia a partir de algún elemento del libro que haya quedado “suelto” (un personaje secundario, un escenario, un objeto, etc).
  • Grabar un corto con alguna escena del libro, para eso tienes iMovie.
  • Imaginar a los personajes comunicándose con las redes sociales.
  • Reproducir alguno de los paisajes o escenarios en programas como Minecraft.
  • ¿Hay películas sobre este libro? ¿Por qué no las vemos?

Algunas de estas ideas las he extraído de propuestas didácticas más amplias que puedes encontrar en Internet, en particular, han sido muy inspiradoras las siguientes, aunque tratan de un libro que lee toda la clase:

A modern take on Romeo and Juliet sobre convertir la lectura en una experiencia.

The secret garden grows into an immersive experience sobre la lectura como una experiencia que va mucho mas allá del hecho de leer.

 

Y no te olvides de… leer en voz alta

Leer a tus alumnos puede ser una de la mejores formas de engancharlos a una buena historia. Incluso aquellos estudiantes que puedan tener dificultades con la lectura podrán disfrutar de ella si les lees.

Eso sí, nada de preguntas al final ni de controlar si están atendiendo o no. Es un momento de placer. Si la historia es buena los atrapará y prestarán atención. Si alguno molesta, seguro que los demás le hacen ver que su conducta está mal. Quizá haya alguien que ese día “no esté para nada” y no preste atención. Es igual, todos tenemos esos momentos. Haz que sepan que no están obligados a escuchar, lo único que les pides es que en ese momento dejen escuchar a los que lo deseen. También ofrece a los que quieran la oportunidad de leer y de sugerir nuevas lecturas.

 

 

 

 

 

 

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