Diseñando la formación TIC

En este artículo y en este otro hablé sobre el modelo SAMR y la posibilidad de tomarlo como base para el plan de formación que debería acompañar a todo proyecto de integración tecnológica 1 a 1.

Existen otros modelos que describen el proceso de integración de la tecnología en la educación de los que iré hablando en otros momentos. Sin embargo hay muchas similitudes entre ellos y podemos partir de cualquiera para diagnosticar nuestra situación y estructurar nuestro plan.

Un problema general que se nos plantea, a la luz de estos modelos, es el de cómo podemos contribuir a que los docentes puedan pasar de una fase de adopción de la tecnología (mejora tecnológica) a otra más profunda (transformación pedagógica).

Como hemos visto en los artículos anteriores, no es posible ni deseable plantear la formación TIC aislada de la práctica pedagógica.

Por si no ha quedado claro, la introducción de tecnología no basta para mover el foco de una pedagogía centrada en la enseñanza a otra centrada en el aprendizaje. Es decir, un profesor puede incorporar tecnología en su práctica en los niveles de sustitución y aumento sin que cambie su modelo pedagógico. Para ir más allá, lo que debe cambiar es justamente ese modelo que deja el protagonismo al alumno y se apoya en la autonomía de éste.

Organizar una formación que pueda contribuir eficazmente a ambos aspectos puede ser complejo:

  • Con frecuencia, la formación TIC se ha limitado a la formación en el manejo herramientas TIC concretas, sin una contextualización didáctica adecuada. ¿Es necesario aprender a manejar herramientas TIC? Sí, pero necesitamos aportar contexto y perspectiva para poder utilizarlas.
  • En otros casos, el enfoque se centra más en mostrar proyectos y sus productos, con poca concreción en el proceso de concepción y desarrollo, de manera que vemos un gran resultado, pero no sabemos cómo llegar a él.
  • Por otro lado: ¿Realmente los docentes tenemos que dominar todas las herramientas habidas y por haber? Creo que no, pero eso no nos exime de un cierto nivel de conocimiento sobre ellas.
  • ¿Y en dónde encaja todo esto? ¿Cuál es el papel de las TIC en el aula? ¿Cuál es su lugar?

Mi propuesta para un plan de formación contempla varios aspectos:

El marco teórico: se trata de responder de forma general a la pregunta del papel de las TIC en el modelo educativo de los centros. ¿Por qué y para qué están estas tecnologías? Se trata de establecer una serie de principios que todos los docentes asuman y que puedan guíar las decisiones didácticas. No es lo mismo, por ejemplo, aprovechar las oportunidades que brinda la tecnología para ofrecer un itinerario de aprendizaje individualizado para cada alumno, que dar clase a partir de un libro de texto común.

Modelos de inspiración: la formación debería incluir conocer experiencias reales de uso de las tecnología compatibles con nuestro marco teórico. Esto se puede conseguir asistiendo a jornadas y congresosinvitando a otros docentes a hablar de sus trabajos o utilizando los múltiples recursos que ofrece Internet sobre el tema. El objetivo de conocer estos modelos es el de abrir los ojos a formas nuevas de trabajar y conocer las posibilidades que nos abre la integración de tecnología. Al principio, a todos nos resulta difícil entender a dónde podríamos llegar si se nos deja a nuestra suerte, por lo que lo ideal es conseguir cuánta más información sobre el cómo y el proceso de esos proyectos, no sólo sus resultados.

Pero esto no es suficiente, necesitamos saber cómo se llega hasta ahí, no cómo ese profesor concreto ha realizado ese proyecto, sino cuál es su trayectoria personal para llegar desde sus inicios a conseguir esos logros. Y esa es una historia importante que nos lleva a:

Contactar con otros: utilizar las redes sociales de profesores, visitar blogs y páginas web, unirse a proyectos colaborativos a través de Internet, etc. deberían ser una práctica habitual entre nuestros docentes con el fin de establecer intercambios profesionales de ideas, proyectos, información, recursos, etc. Se trata de participar en la conversación global sobre educación y no sólo escuchando, sino también hablando, y no para hacer marketing o sacar pecho, sino para ofrecer lo que vamos aprendiendo.

Sobre todo: no olvidemos lo que tenemos en casa: los docentes de un centro se mueven a distintos niveles de experiencia y profundidad en diversos temas y eso es algo que debemos aprovechar. Debe establecerse un cauce de colaboración interna que permita una formación entre pares. Todo lo que estamos hablando de compartir experiencias, ofrecer ayuda, facilitar recursos, etc., puede y debe hacerse dentro del centro. Es justamente aquí donde el aprendizaje de herramientas, recursos, etc, puede hacerse de una manera contextualizada y a medida. En otras palabras, los más expertos pueden ayudar a otros a iniciarse en el trabajo con una herramienta, la forma de adaptarla a las necesidades de la propuesta didáctica, los problemas más habituales que se puede encontrar, etc.

Normalizar la presencia de las TIC en los desarrollos didácticos no implica tener que usarlas constantemente. A la hora de diseñar proyectos o cualquier otra propuesta didáctica, debemos tener en cuenta las posibilidades que nos ofrecen las herramientas tecnológicas, pero no forzarlas. No se trata de usarlas siempre, para todo y que todos los alumnos las estén usando a la vez.

Uno de los problemas que pueden surgir en entornos de un dispositivo por persona es la sensación de que todos tendrían que estar utilizando la herramienta, cuando en realidad bastaría con que 1 ó 2 ó 5 lo hiciesen con un objetivo específico dentro de esa tarea. Hay que huir de ese tipo de planteamientos “todos a una”: ¿para qué necesitamos que los alumnos hagan cada uno su foto del quercus robur cuando pueden compartirlas entre ellos con toda facilidad? Puede que en una actividad tengamos a varios alumnos fotografiando, mientras que otros hacen distintas entrevistas a expertos, otros navegan por Internet en busca de ejemplos, y otros preparan un folleto para concienciar sobre la limpieza de los bosques. No importa: al final todos van a aprender de todos.

Es importante no tomar el dispositivo como si fuese una libreta o un libro tradicional. No es lo mismo, y el objetivo de la formación debería llevar a darnos cuenta de esa realidad y las posibilidades que conlleva.

Por tanto, otra área de la formación sería una dirigida expresamente a la integración de la tecnología y planteamientos didácticos, o lo que es lo mismo: cómo aprender con tecnología en el aula. Se trataría de combinarlos a través del diseño de proyectos didácticos que incluyan el uso y desarrollo de productos TIC, en los que se hablase tanto de la metodología como de la forma en que las diversas herramientas podrían contribuir a llevar a cabo una acción educativa realmente potente.

 

 

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