Sobre liderazgo educativo (2): la política

En los ránking PISA quizá no vayamos muy bien. Pero en lo de darle zambombazos al sistema educativo no nos gana nadie.

Desde 1990, año de publicación de la LOGSE, nuestro sistema educativo ha sufrido no sé cuántas reformas. En 26 años hemos tenido 4 leyes orgánicas (LOGSE, LOCE, LOE, LOMCE), con todo lo que eso significa de tiempos de transición más las “matizaciones” que hacen las Comunidades Autónomas. Las leyes educativas no deberían estar escritas en piedra, pero tampoco podemos cambiarlas con cada nuevo ministro sólo para satisfacer a los diferentes intereses que los presionan (muchas veces más empresariales que educativos).

A mí me cuesta entender que quienes defienden modelos económicos liberales y ponen el grito en el cielo por cosas como un salario mínimo digno, un precio accesible de la vivienda, una red de guarderías públicas de calidad y otros lujos asiáticos, sean los primeros en querer hacer negocio de la subvención pública en nombre de la calidad educativa, cuando se está demostrando que “la escuela según mercado” está siendo un fracaso educativo (aunque apostaría que financieramente es un éxito).

Bueno, no me cuesta tanto entenderlo: el liberalismo bien entendido empieza por uno mismo.

Pero no quiero divagar mucho. Dicen que en ese país nórdico que tenemos como referente educativo mundial el éxito educativo comenzó a fraguarse en los años 70 gracias por una lado a la centralización y la fuerte inversión en el sistema público.

Nosotros no estábamos para muchas cosas en aquellos tiempos y tardamos hasta finales de los 80 en decidir cómo íbamos a organizar la educación en la España Democrática. Tuvimos la LODE, para regular el Derecho a la Educación y la LOGSE para regular el Sistema Educativo.

No era un mal comienzo aunque nada es perfecto. La LODE dejó demasiado difuso el tema de la red pública-concertada-privada, y en ese aspecto no ha habido muchos cambios para beneficio de algunos.

La LOGSE, como reguladora del sistema, aportó muchas ideas necesarias pero tampoco se desarrolló como era debido y nació bastante coja de financiación. Sin embargo, qué bien nos hubiera ido de haber construido a partir de ahí, resolviendo sus carencias y reparando sus defectos.

Pero no. Había que tirarla.

Desde hace tiempo decimos que la educación debería estar fuera del debate político. Yo no  lo tengo tan claro. La educación tiene que estar en el debate politico, por supuesto. Creo que el problema es que nuestro sistema educativo es tan débil que no puede resistir ese debate. Y cómo no va a ser débil si lo estamos derribando y reconstruyendo constantemente.

 

¿Qué defensa tiene nuestro sistema educativo contra cualquier modificación o alteración interesada? ¿Cómo es que estamos cuestionándolo siempre? ¿Cómo es posible que se pueda tolerar que haya sectores que defiendan un sistema educativo público supletorio de un sistema privado de mercado (un sistema público y desmantelado para quien no se pueda permitir una escuela decente, vamos)?

Pero claro: ¿Cómo es posible que haya tantas diferencias entre centros de la red pública? Dicho de otro modo, ¿por qué la calidad de instalaciones y medios es tan variable? ¿Por qué el sistema permite la acomodación de algunos, a la vez que dificulta la consolidación de equipos docentes? Hay muchísimas preguntas que hacerse y hay responsables políticos que deberían contestarlas.

Una de las cosas que dicen que destaca en Finlandia es la calidad uniforme de las escuelas, de tal modo que nadie tiene que plantearse “salir a buscar colegio”: todas las escuelas son buenas y están bien dotadas. Allí nadie quiere saber nada de ránkings.

Nosotros conocemos decenas de casos de escuelas en barracones, en edificios lamentables, con instalaciones y medios mediocres cuando no inservibles. También conocemos los esfuerzos que han hecho docentes y familias para compensar esos problemas y dotar mínimamente sus escuelas.

A lo mejor antes de hacer evaluaciones de conocimientos tendríamos que evaluar los cimientos del sistema.

Cimientos que comienzan en la definición de nuestro sistema educativo y de sus principios. Me temo que muchas veces, demasiadas, centramos el debate en demasiados detalles y nos olvidamos de los principios que deberían regirlo.

No sé qué va a pasar ahora. La situación política del país es de traca. Contemplamos atónitos un debate político a cuarto bandas de calidad ínfima que no presagia nada bueno, en el que no se plantea ni un modelo de país ni un plan de futuro. Sólo dejarnos llevar.

Y ya se dice que cualquier camino es bueno para el que no sabe a dónde va.

 

 

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