La herramienta es el mensaje

Puedes pensar que  tiene bemoles que un espacio que se titula “el iPad en el colegio” ponga este titular. Razón no te falta.

En el artículo No lo llames Powerpoint escribía sobre la necesidad de no definir los productos TIC (o artefactos, según la terminología de los cursos del Intef) usando el nombre de las herramientas con las que se crean.

Hacer eso es eliminar el sentido de todo el proyecto, ya que lo que los docentes debemos ser capaces de promover es un proceso de aprendizaje centrado en el planteamiento de un problema y la búsqueda de una solución para el mismo. El problema no debe ser “crear un powerpoint con la información recogida” porque en realidad estamos dando parte de la respuesta. Necesitamos enfocarnos en definiciones del tipo “explicar lo que sabemos sobre este tema” o “convencer a otros de la necesidad de realizar ciertas acciones” o “dar a conocer determinado problema a mis compañeros y generar un movimiento para solucionarlo”.

La cuestión es que, llevando la frase de McLuhan al mundo de las TIC, podemos plantearnos que “la herramienta (también) es el mensaje”. Las elecciones de herramientas TIC no son neutrales y comunican cosas.

Niños y máquinas

El hecho de que un colegio opte por poner en marcha un programa de integración de las TIC basado en una herramienta muy específica (el iPad o, para el caso, el dispositivo específico) tampoco es neutral. Hay muchos factores que entran en juego, dependiendo de cómo se diseñe el proyecto.

Por ejemplo, ¿quién paga el dispositivo? ¿Es lo mismo si ocurre en un centro público, en uno privado o en uno concertado?

Los centros privados pueden hacer lo que consideren oportuno dentro de su libertad. Pero para los centros sostenidos por fondos públicos la cuestión se hace algo más “compleja”, por decirlo suavemente.

Si las familias de los alumnos pagan los dispositivos, esto supone una barrera económica de entrada, no ya al programa, sino al propio centro lo que contradice frontalmente el derecho a la educación gratuita.

Incluso aunque el centro pudiese plantear una inversión suficiente para dotar el programa existen otros factores que inciden en el mismo problema. Por ejemplo, la necesidad de disponer de conexión a Internet en el hogar, la posible compra de aplicaciones, etc.

La libertad de creación y elección de centro que la ley establece y que ciertos sectores defienden se ve tergiversada por este tipo de propuestas. Efectivamente: las familias tienen libertad de elección, siempre y cuando pueda costeársela.

 

Qué dispositivos

Con todo, podemos reconocer la necesidad de introducir medios tecnológicos en el proceso de aprendizaje, así que en algún momento tendremos que tomar decisiones sobre qué medios concretos utilizar, en qué régimen y cuál es la dotación necesaria.

Es un tema complejo y que requiere un análisis más pormenorizado, pero me gustaría señalar algunos puntos de discusión:

Tabletas u ordenadores. Cada tipo de dispositivo define, por decirlo así, un contexto de aplicación. Hay quien define las tabletas como dispositivos de consumo, aunque yo no comparto esa visión, ya que ofrecen sobradas posibilidades de captura de información, creación e incluso publicación. Por otro lado, vemos los ordenadores como más polivalentes y dispuestos para servir a propósitos más complejos, como programar o realizar ciertas tareas.

En cualquier caso, mi argumento aquí es que las tabletas están orientadas a un manejo más sencillo, no necesariamente menos potente, y con menos complicaciones técnicas que los ordenadores (salvo que las quieras hacer funcionar como si fuesen ordenadores, en cuyo caso todo son inconvenientes). Eso, desde mi experiencia las hace más adecuadas para utilizarlas como herramienta subordinada al proceso educativo que tiene lugar en la escuela. En otras palabras: las tabletas pueden ayudar escolarizando la tecnología al resultar más transparentes en su utilización diaria.

En cambio, los ordenadores implican más peso del aspecto técnico. Son más genéricos y, en algunos casos, potentes, pero tienden a ser más inflexibles en su manejo y favorecer más una informatización de la escuela, tanto en el sentido procedimental como en los objetivos de la enseñanza. De hecho, diría que los ordenadores favorecen la idea de las TIC como objeto y objetivo de estudio. Pero, ¿ese debate no estaba superado? Se supone que no nos planteamos que el uso educativo de las tecnologías no esa preparar a los alumnos para usar ciertas herramientas concretas que pueden ser necesarias en el mundo laboral.

El mensaje que envía la elección entre tableta y ordenador nos puede decir mucho sobre el papel que se pretende que jueguen las tecnologías en el proceso educativo.

Individual o compartido. Hasta no hace mucho tiempo, tanto el coste como la dificultad de implementación con ordenadores impedía conseguir el objetivo de dotar a cada alumno o alumna con un ordenador para su uso en el aula, y la desaparición de los materiales en papel. Pero los miniportátiles en su día, y las tabletas y otros dispositivos móviles actualmente, hacen que ese objetivo sea posible. De hecho, los programas 1×1 están floreciendo gracias a las tabletas.

No es que las tabletas reduzcan el coste, pero resultan evidentemente adecuadas para este tipo de uso personal. Pero como otras muchas cosas en la vida, que sea posible no significa que sea deseable.

Los programas 1×1 se han presentado como un objetivo deseable de la integración de las TIC en el aula, pero la cuestión que no ha quedado bien contestada es qué tipo de beneficios tiene eso para el alumnado.

Podríamos empezar planteando si es realmente necesario que cada alumno tenga su dispositivo y en esto cuenta mucho la profundidad de integración TIC en el proceso educativo.

Si nos quedamos en un nivel de Reemplazo en el que los materiales tradicionales se utilizan en formato digital, como los libros de texto, los cuadernillos de ejercicios, y demás, entonces diría que no hay un beneficio real, sino que incluso hay un perjuicio porque el libro digital no compite con las prestaciones del libro de texto. Entre otras cosas porque la implementación actual de esos materiales es realmente lamentable.

Incluso en un nivel de transformación, no siempre es necesario que cada alumno disponga de su dispositivo personal y es incluso más eficiente un dispositivo compartido. En proyectos que requieren de los alumnos realizar fotografías, vídeos, presentaciones, etc., normalmente estarán trabajando en equipo así que la necesidad real sería la de disponer de un dispositivo por equipo de trabajo.

Por otro lado, un modelo de enseñanza aprendizaje altamente personalizado sí podría sustentarse sobre un esquema de un dispositivo por estudiante. ¿Cómo? A través de las estrategias de aumento que nos proporcionan las tecnologías para la creación y seguimiento de itinerarios de aprendizaje personales. Por ejemplo, que cada alumno pudiese usar materiales de referencia diferentes, o sistemas para realizar ejercicios adaptados a su ritmo de trabajo.

En realidad, parece que la opción por un esquema de entrega de dispositivos individuales o compartidos no nos dice mucho acerca del modelo educativo que subyace. O sí. Cuando no hay una correspondencia entre el esquema de distribución y el modelo de integración podemos detectar que, muchas veces, el modelo 1×1 no es más que una acción con más valor de marketing que de aprendizaje.

Uniforme o Trae tu dispositivo. Desde el punto de vista de la administración técnica de los sistemas implicados la opción “trae tu propio dispositivo” es una pesadilla. Si ya resulta difícil lidiar con la variedad de problemas que supone una misma familia de dispositivos, con una serie de aplicaciones bien definida, es fácil imaginar lo que puede ser enfrentarse a los problemas cotidianos generados por una multitud de equipos de diferente proveedor, con diferentes versiones de software y diferentes aplicaciones.

En fin, si ya para mantener instalaciones uniformes hace falta un personal técnico bien capacitado, para hacerlo con dispositivos de libre elección el departamento técnico ha de ser especialmente potente.

Pero suponiendo que evitamos esto de alguna manera, la opción por los múltiples dispositivos podría indicar, por su parte, un mínimo énfasis en las herramientas concretas. Lo importante sería las acciones o elementos significativos que podríamos llevar a cabo con su ayuda y los docentes estarían menos condicionados por herramientas concretas.

Qué herramientas

Hay muchos dilemas aquí, porque si bien el abanico de dispositivos posibles es relativamente reducido (abstrayendo las diferencias de sistemas operativos, modelos, etc), la gama de aplicaciones y herramientas TIC concretas se extiende enormemente.

Intentando simplificar y sistematizar las podríamos clasificar así:

  • Creativas: herramientas que permiten a la persona expresarse y crear sus propios contenidos a partir de lo que ha aprendido o vivido.
  • Reproductivas: herramientas que permiten a la persona acceder a contenidos creados por otros.
  • Lúdicas: herramientas que permiten a la persona jugar, evadirse o distraerse.
  • Comunicativas: herramientas que permiten a la persona comunicarse con otras a diferentes niveles y escalas.
  • Organizativas: herramientas que permiten a la persona recopilar, relacionar y darle sentido a la información que recoge.

Obviamente podríamos articular más esta clasificación para incluir especializaciones, pero creo que argumento se ve claro.

La combinación de estos tipos de herramientas es necesaria para el aprendizaje usando tecnologías. Hay que hacer notar que esta afirmación se cumple cuando hablamos de estas categoría genéricas. Pero si partimos de la base de herramientas concretas (unas aplicaciones y no otras) la misma afirmación no se sostiene.

La razón es que, del mismo modo que consideramos que cada alumno debe seguir su propio itinerario y ritmo de aprendizaje, cada alumno debería utilizar aquellas herramientas que le ayuden en su aprendizaje y no se interpongan en su camino.

Por eso, las mochilas digitales muy estrictas pueden ser prácticas desde el punto de vista administrativo, pero quizá estén diciendo que nuestro modelo no es lo bastante personalizado.

Lo que quiero decir es que el diseño de un programa de integración de las tecnologías requiere que aceptemos diversos compromisos (en esencia, diseñar es saber qué compromisos podemos aceptar) y también nos requiere posicionarnos en qué es lo que vamos a priorizar: el marketing, la facilidad administrativa o el desarrollo de la persona del alumno.

 

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