Sobre reconocimientos a profesores

Voy a hacer un análisis nada científico sobre los premios y reconocimentos a los mejores profesores.

Hace poco se falló el “Certamen Proyecta D+I“. Este premio consiste en:

Desde Proyecta convocamos la primera edición del Certamen “Proyecta D+I” con el objetivo de identificar y premiar a aquellos profesores españoles que hacen y enseñan de forma diferente.

Este certamen es similar al “Global Teacher Prize“, al que ya han etiquetado con el “Nobel de Educación“. Lo cierto es que esta comparación es bastante desafortunada, como veremos dentro de un momento.

Se pueden encontrar por ahí varios reconocimientos para profesores, algunos promovidos por empresas privadas, en particular empresas tecnológicas. Tanto Apple, como Microsoft y Google, cuentan con un programa de reconocimiento de este tipo, destinado a identificar “profesores innovadores”.

Yo mismo he sido durante algunos años Apple Distinguished Educator, algo a lo que renuncié hace cosa de tres años por razones personales. Tengo que decir que mi acceso a ese programa no fue el habitual, pero eso es otra historia que tendrá que ser contada en otra ocasión. No hay nada turbio, de hecho fue un período muy satisfactorio de mi vida profesional. Se trataba más bien de mantener cierta coherencia y libertad de acción en el contexto de una crisis personal muy profunda.

Tú te postulas

Un punto común de todos estos reconocimientos es que es el interesado el que tiene que postularse para recibirlos. Esto es, aunque la nominación puede ser iniciada por otra persona, si quieres ganar el “Global Teacher Prize” o uno similar tienes que presentarte tú y defender tu candidatura.

Por eso, comparar el Global Teacher Prize con el Nobel es bastante desafortunado. Para ganar un Nobel tienes que ser nominado. La nominación la pueden llevar a cabo ciertas personas invitadas que cumplan una serie de requisitos previos. Después, las nominaciones son revisadas por el comité Nobel que decide conceder el premio por mayoría.

Lo cierto es que el galardonado no lo sabe hasta poco antes de que se haga público el premio, mientras que la lista de nominaciones se mantiene en secreto durante 50 años.

El premio en cada categoría tiene un carácter un poco diferente. En algunas modalidades se premia un trabajo o descubrimiento muy relevante que puede ser muy reciente, lo que suele ocurrir en Ciencias. En otras es una trayectoria profesional especialmente relevante, como puede ser en Literatura.

Al margen de las polémicas que acompañan al premio Nobel y otros similares, en particular con el Nobel de la Paz, podríamos decir que al menos la intención del Nobel es que la sociedad premie a una persona o grupo por méritos reconocidos por colegas y personalidades de prestigio. En otras palabras: el sistema de concesión de premios está diseñado para evitar tanto la autocandidatura como la campaña a favor de un candidato u otro (ojo, que no quiere decir que no haya movimientos turbios en torno a los premios).

Pero con la mayoría de reconocimientos educativos ocurre justo lo contrario. Es el profesor interesado el que se postula para el premio y tiene que hacer campaña para vender esa candidatura.

Un proceso viciado

Un proceso así está viciado desde el principio. Todo este tipo de premios está sesgado hacia los profesores y profesoras que sean buenos en venderse a sí mismos. No entro en valorar su calidad como docentes, simplemente digo que a estos premios se van a presentar mayoritariamente aquellos profesores con el punto de desparpajo, narcisismo o automarketinismo necesario para ponerse ante un jurado y explicar lo buenos o innovadores que son.

Hay muchos magníficos profesores y profesoras que jamás harían eso, muchas veces por coherencia con su propio criterio de excelencia profesional.

Este tipo de premios y reconocimientos sólo tendrían auténtico valor si las nominaciones fuesen realizadas por la comunidad educativa y con total desconocimiento de los afortunados.

Es complicado saber quién es mejor docente

En Ciencias hay descubrimientos y aportaciones que, de producirse, prácticamente garantizarían el Nobel a un equipo de investigación. El descubrimiento del bosón de Higgs es un ejemplo. Esto quiere decir que en ciertos campos existe un consenso generalizado acerca de lo que es más relevante, importante o necesario.

En otros campos, lo que se premia es una trayectoria. En ese caso, quizá es más difícil encontrar un criterio común. El Nobel de Literatura (o el Cervantes en el caso del español) se concede a la obra de toda una vida. A veces lo reciben escritores prácticamente desconocidos fuera de su país, otras veces se concede a autores ampliamente reconocidos por la población general.

¿Y en Educación? ¿Qué definiría a un gran docente?

La obra de un docente, por magnífica que sea, tiene poco alcance en general. ¿Cómo puede valorarse su impacto? ¿Cuánto puede influir la acción de un profesor o profesora y cambiar la vida de su alumnado hasta el punto de tener un efecto visible en la sociedad?

Aunque el trabajo y la aportación de un docente es enorme, su impacto es muy difuso y sólo en determinadas circunstancias es realmente transformador a un nivel global.

Por supuesto, hay profesores heroicos en zonas de guerra, en guetos, en zonas deprimidas, o en lugares donde ser docente es luchar en contra de una dictadura política o religiosa para lograr que los excluidos puedan recibir una educación que les de la oportunidad de salir de una situación de opresión o de esclavitud.

Cuando se trabaja en estas situaciones, se merece todo el reconocimiento y ayuda que pueda proporcionarse, porque al apoyar a esta maestra o maestro, se está apoyando a toda una comunidad de personas que merecen acceso a una educación decente.

En realidad, yo los nominaría para el Nobel de la Paz, porque posiblemente hayan hecho más por ella que muchos de los líderes políticos a los que se les ha concedido el galardón.

Pero en otras condiciones de vida más cómodas el asunto es bastante más difícil. ¿Qué docente tiene un impacto en la Educación que sea significativo? No tengo ni idea. He conocido profesores que han sido fuente de inspiración profesional para mi, pero que jamás optarán a uno de estos premios, aunque lo merezcan. Pero también he de reconocer que su influencia es limitada.

¿Una Educación sin premios?

Si pudiera crearse un premio educativo en el que los nominados fuesen ignorantes de su condición y el premio fuese deliberado y concedido por colegas a una trayectoria profesional, me lo creería.

Pero mientras estos premios sean, en buena medida, una cuestión de autopromoción, la verdad es que preferiría su supresión. Que las organizaciones convocantes hagan su trabajo: que definan criterios y busquen sus candidatos por todo el mundo, y que el afortunado se entere en el último momento.

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