Cuando las listas nos atontan

Las listas de herramientas TIC aparecen en la web con cierta regularidad. ¿Sirven para algo? Nosotros creemos que no, y aquí están nuestras razones. Por supuesto, en forma de lista.

La paradoja de la elección

El psicólogo Barry Schwartz estudia este problema en un libro del mismo título. Un exceso de opciones, muchas veces muy similares entre sí, nos bloquea mentalmente y nos dificulta elegir, incluso llegando a la depresión. Entre otros procesos, la sobreabundancia de opciones provoca que dejemos de valorarlas como oportunidades a evaluarlas como beneficios perdidos si no las escogemos. Dicho de otro modo, en lugar de preguntarnos: “¿qué consigo si escojo esta opción?”, nos preguntamos: “¿qué pierdo si rechazo esta otra?”. Hay una buena explicación del fenómeno en un artículo Carlos Corredor en Baquia: La paradoja de la elección, o cuando más es menos, en el que explica las tesis de Schwartz.

En resumen, el exceso de opciones nos lleva confusión, indecisión e infelicidad.

El tamaño importa

Las listas no suelen aportar una información cualitativa suficiente para valorar la conveniencia de una u otra herramienta. Cuanto más larga sea la lista, más difícil es investigar si las herramientas citadas son tan buenas como las pintan. O incluso si siguen existiendo: enlaces rotos, proyectos o empresas que no lo lograron y un largo etcétera. Las listas no siempre envejecen bien, y cuanto mayores y más exhaustivas son, más difíciles resultan de mantener.

Por otra parte, hay listas que parecen creadas para superar algún tipo de récord de longitud. ¿De qué puede servir una lista como esta que ocupa ella sola 45 páginas?

De nuevo, cuanto más larga es la lista, menos útil resulta.

Un abanico de dos ó tres opciones debería ser suficiente para la mayoría de nosotros.

Obviedades

Lo obvio no aporta información. Eso es obvio, o debería serlo.

Esta lista de 25 herramientas imprescindibles para el aprendizaje gratuitas, que tiene una versión mayor en forma de ranking que llega hasta 100 200 es un buen ejemplo. Su autora es Jane Hart.

Ambas listas están plagadas de herramientas genéricas en forma de aplicaciones de escritorio o de aplicaciones web: navegadores, lectores de noticias, correo electrónico, servicios para compartir recursos, etc. Aparecen incluso incrustados programas como Photoshop, o las aplicaciones del iPhone, siendo Twitter el número 1 del año 2009.

Es obvio que un navegador de web es imprescindible, no sólo para el aprendizaje, sino para cualquier cosa. Lo mismo que el correo electrónico y toda una serie de herramientas. Pero esa necesidad ya la conocíamos, ¿o no?

La información interesante es aquella que es nueva, que facilita nuevas formas de resolver problemas, que nos proporciona comodidad, rapidez o precisión. Por ejemplo, todos sabemos que para usar Wikipedia necesitamos un navegador, pero ¿sabías que existen navegadores especiales para investigar en ella como Pathway, para Mac OS X o la aplicación web Gollum=?

¿La herramienta o lo que hace la herramienta?

En muchas listas puedes encontrar recomendaciones de programas concretos. Normalmente hay toda una variedad de aplicaciones capaces de hacer la misma tarea o proporcionar el mismo servicio. Lo importante es, en primer lugar, ese servicio. La cuestión clave es: ¿Qué servicio o necesidad he de satisfacer? Y luego, ¿qué opciones tengo para lograrlo?

Obviar la primera pregunta y saltar directamente a una elección concreta no suele funcionar. Al no determinar las necesidades no es posible saber cómo las puedo cubrir. Por tanto, es necesario un proceso de reflexión sobre lo que uno necesita.

Después de eso, la elección de una u otra herramienta es una cuestión particular que depende de una serie de condicionantes: requisitos técnicos, de usabilidad, económicos, etc.

¿De dónde vienen estas listas?

Hay que tener en cuenta que algunas de estas listas están hechas por profesionales de la formación, particularmente de la versión online, no tanto por profesionales de la educación. El matiz es importante: no es lo mismo organizar cursos en empresas que lidiar con 25 criaturas en un aula de primaria.

Por ejemplo, tiene sentido proporcionar una lista de herramientas necesarias para seguir un proceso de formación en línea, basado muchas veces en el acceso a material publicado en una plataforma de e-learning.

Integrar la tecnología en el aula presencial es algo completamente distinto.

¿Dónde dejan las listas los procesos de aprendizaje?

El problema de raíz en todo este tipo de planteamientos centrados en las herramientas es precisamente ignorar el desarrollo de los procesos de aprendizaje.

Con las herramientas tecnológicas nos ocurre muchas veces que nos “enganchamos” a una y tratamos de sacarle la aplicación educativa retorciéndola de todas las maneras. ¿Sigues buscándole usos educativos a twitter o a facebook o al openoffice?

Es un error enorme, una forma casi segura de fracasar.

Es cuestionable incluso que las herramientas que catalogamos como propiamente educativas puedan denominarse así en rigor, incluyendo sospechosos habituales como plataformas de e-learning, programas para la creación de actividades, pizarras digitales y un largo etcétera. Son aplicaciones y utilidades que nos ayudan a llevar a cabo determinadas tareas, las cuales adquieren sentido en el contexto de un planteamiento educativo, que tiene unos objetivos.

Lo primero que tenemos que tener claro es el proceso de aprendizaje que queremos desencadenar o facilitar. Qué queremos conseguir. Qué vamos a hacer. Qué experiencias nos interesa que viva el alumnado. Qué tipo de proyectos implican los procesos de aprendizaje y de trabajo que deseamos provocar.

Esto nos dará, como es lógico, una lista de necesidades algunas de las cuales podremos cubrir recurriendo a múltiples herramientas tecnológicas. Y con ellas, tal vez, una visión clara de los requisitos y condiciones que deben cumplir.

Con esto tendremos criterios para seleccionar, dentro de cada ámbito de trabajo, la herramienta concreta que vamos a usar. Puede que ni siquiera figure en las consabidas listas, pero es la que a ti te funciona y te proporciona lo que buscabas: que tu alumnado aprenda.

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